miércoles, 28 de septiembre de 2016

¿quién lo sabe?







La mente existe en un estado de «nunca tener suficiente», por lo que siempre ambiciona más.
Cuando te identificas con la mente, te aburres y te inquietas fácilmente.
El aburrimiento significa que la mente tiene hambre de nuevos estímulos, de más alimento para el pensamiento, y que su hambre no está siendo satisfecha.
Cuando estás aburrido, puedes satisfacer «hambre mental» leyendo una revista, o haciendo una llamada telefónica, o poniendo la tv, o navegando en Internet, o y...éndote de compras o —y esto es bastante común— transfiriendo al cuerpo la sensación mental de carencia y la necesidad de querer siempre algo más, satisfaciéndolas brevemente ingiriendo más comida.
O puedes sentirte aburrido e inquieto, y observar la sensación de estar aburrido e inquieto.
A medida que vayas dándote cuenta de estas sensaciones, empezará a surgir algún espacio y quietud en torno a ellas.
Al principio sólo habrá un poco, pero, conforme crezca la sensación de espacio interno, el aburrimiento empezará a disminuir en intensidad y significado. De modo que incluso el aburrimiento te puede enseñar quién eres y quién no eres.
Descubres que ser «una persona aburrida» no es tu identidad esencial.
El aburrimiento, simplemente, es un movimiento interno de la energía condicionada.
Tampoco eres una persona enfadada, triste o temerosa.
El aburrimiento, el enfado, la tristeza o el miedo no son «tuyos», no son personales. Son estados de la mente humana. Vienen y van.
Nada de lo que viene y va eres tú.
«Estoy aburrido»; ¿quién sabe esto?
«Estoy enfadado, triste, atemorizado»; ¿quién lo sabe?
Eckhart Tolle

lunes, 26 de septiembre de 2016

RECORDANDO...





Nadie puede “hacer” que te sientas enojado, triste o con miedo.

Nadie puede “hacer” que te sientas deficiente, insignificante, menos-que-entero.

Ahora que eres un adulto, por favor no cedas a los demás tu poder, tu responsabilidad, tu sentido de acción y estabilidad.

...
No conviertas a nadie en tu autoridad. Escucha, pero no renuncies a tu poder.
Tú eres la consciencia misma.
Nadie respira por ti. El corazón de nadie late por ti. Las palabras y actos de los demás podrían liberar sentimientos de dolor, tristeza, vergüenza (o felicidad) en ti, pero sólo se trata de sentimientos que ya se encuentran dentro de ti. No han sido “causados,” sino liberados. Siéntelos plenamente, déjalos fluir a través tuyo; ellos quieren moverse.
Eres inocente; los sentimientos no son castigos, aunque se sientan intensos, incómodos o como una “amenaza” en un principio.

Observa la mente ahora; quiere encontrar a alguien o algo “culpable” de estos sentimientos difíciles, alguien que sea el “malo.” La mente echa a andar inmediatamente la historia de una víctima, y así es como te desconectas de tus sentimientos, de tu respiración, de tu precioso cuerpo y su hogar: del
momento presente; buscando causas, castigo, venganza. La mente ataca a los demás, o se da la media vuelta para atacar tu propio núcleo. Nada de eso es necesario; pero permite el impulso, también.
Por ahora, por favor, no abandones tu precioso cuerpo. No te desconectes tratando de saltar por encima de tu propia experiencia. No eres ningún inútil. Mantente enraizado en la respiración. Ofrécele un santuario a cada sentimiento liberado, a esa parte lastimada. Crea un espacio para el que tiene miedo, para el que se siente triste, para el que está decepcionado. Expándete, eres un océano, y deja que las olas de sentimientos vengan.

En este momento tú eres realmente responsable; capaz de responder al sentimiento y a la situación conscientemente y con presencia, en lugar de reaccionar automáticamente, habitualmente, sin consciencia. Desde este lugar de presencia, podrás seguir expresando tu verdad, decir sí o no, pedir lo que quieras, irte, quedarte, compartir tu experiencia o no, todo sin culpa. Pero ahora, nadie estará controlándote y tampoco estarás tratando de controlar a nadie. No hay nadie con quien molestarte y nada de que avergonzarte. Tú no eres una víctima; estás establecido en tu propio poder, en la Tierra.
Tu sentido de autoestima no depende de lo que nadie haga, diga, piense o quiera. No eres ni peor ni mejor que nadie en este planeta; tú eres la misma Vida, tan vivo como cualquiera, conectado con lo que es real.

No eres una víctima porque estás profundamente conectado a ti mismo, dándole la bienvenida a tus pensamientos y sentimientos, honrando tu camino, inclinándote humildemente ante el sitio donde estás parado Ahora.
Poseyendo el suelo, tiernamente.
- Jeff Foster

domingo, 25 de septiembre de 2016

Viviendo el presente


Esta reflexión viene de un cuento budista con este nombre.
Un hombre llegó a un viejo sabio y le dijo: me han dicho que usted es sabio. Por favor, dime qué cosas puede hacer un sabio que no está disponible para los demás. El viejo respondió, cuando, como, como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo con usted, simplemente hablar con usted. Pero eso también que yo puedo hacer y no porque yo soy sabio, le contestó el hombre, sorprendido. Yo no lo cre...o, respondió el viejo. Para cuando duermes recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginar que va a tener que levantarse. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer después. Y mientras tú me hablas pensar sobre lo que usted va a pedir o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar. El secreto es tener conciencia de lo que hacemos en el momento presente y aprovechar cada minuto para que el milagro de la vida.
La conclusión de que me deja es que debemos vivir en el presente, el foco en el momento, dejar el pasado y no preocuparse por el futuro. Aprendimos a separarnos de lo que no es más útil, porque la vida es una constante varias enmiendas y la clave es saber cómo adaptarse a los nuevos escenarios que la vida juega en nosotros. Darse cuenta de vivir el momento, encontramos el equilibrio emocional, mental y espiritual deseada




miércoles, 21 de septiembre de 2016

¡¡FELIZ OTOÑO MUNDO!!

Perséfone y las semillas de granada:
Érase una vez una jovencita muy bella llamada Perséfone, cuya madre era Demeter, la Diosa de todo lo que crece. A Demeter... y a su hija les gustaba mucho estar juntas, y vivían en un mundo donde siempre era verano- siempre florecían las plantas y el sol era cálido-.
Pero un día, mientras Perséfone estaba fuera con sus amigas recogiendo flores, escuchó un trueno y sintió que el suelo temblaba bajo sus pies. El suelo se abrió y apareció Hades, el Dios del Submundo, conduciendo un carro llevado por caballos negros. Cogió a Perséfone y se la llevó dentro de la Tierra. El agujero se cerró otra vez con un gran estruendo y todo lo que quedó de Perséfone fue el ramo de flores que estaba cogiendo tirado en el suelo.
Aunque Demeter buscó por todos los lados, no pudo encontrar a su hija. La buscó durante días y más días, demasiado preocupada como para comer o bañarse. Tan grande era la pena de la madre que la Tierra empezó a enfriarse y todo lo verde moría en los campos. No había comida y la gente pasaba hambre.
Mientras tanto, en el Submundo, Perséfone pronto se dio cuenta de que Hades no era tan terrible como parecía a primera vista. De hecho, ella lo podía manejar con sólo su dedo meñique. Él había estado muy solo en el Submundo, y le había dicho que su mayor esperanza era que ella se quedase a vivir con él.
Perséfone no sabía que hacer. Echaba de menos a su madre y el mundo brillante que existía sobre la Tierra. Pero el oscuro y mágico poder de su nuevo status como Reina del Submundo- y su amor por Hades- le daban razones para quedarse. Ella sentía que tenían un trabajo importante que hacer en este profundo lugar.
Ahora bien, Perséfone sabía que si comía o bebía cualquier cosa en el Submundo debería quedarse en él para siempre. Por esto no lo hizo, aunque Hades le imploró y le rogó que aceptara un poco de comida, o un sorbo de bebida.
Sobre la Tierra, Demeter se había enterado finalmente de dónde estaba su hija. Ella pedía furiosamente justicia, insistiendo en que le devolvieran a Perséfone. Al escuchar estas demandas, Hades, tristemente volvió a poner sus caballos negros ante el carro y se preparó para devolver a Perséfone. Pero antes de que se marchasen, él le ofreció una última cosa: una granada madura y roja como la sangre. Mirándole directamente a los ojos, Perséfone tomó sólo seis granos y se los comió, sonriendo un poco por el dulce sabor de la pulpa y frunciendo las cejas ante lo amargo de la semilla central.
Después se dirigieron hacia la superficie de la Tierra, gracias a una brecha que se abrió en el suelo. Al reunirse de nuevo con su madre, Perséfone corrió a echarse en sus brazos, y todas las cosas se regocijaron y crecieron de nuevo. Pero debido a los seis granos de granada que Perséfone había comido, tuvo que regresar al Submundo junto a Hades durante seis meses cada año. Y el regreso se produce en Mabon, el equinoccio de otoño, y el invierno cae entonces en la Tierra. Y con cada primavera, ella regresa junto a su madre, luciendo una corona de flores de manzano, y la Tierra vuelve a florecer.

- Reconstrucción de C. Johnson -